Salvar la Sanidad Pública

Este es el título del artículo-manifiesto publicado en El País de 23 de Enero de 2015, por Victoria Camps y Adela Cortina. Dos autoridades en Filosofía y Ética. Reproduciremos el artículo para darle la publicidad que se nos pide y lo hacemos con plena adhesión a lo que en él se dice, con un breve comentario previo personal y una apostilla final. Soy, modestia aparte, experto en el tema y no podría decirlo mejor a pesar de haber insistido y se encuentra en esta misma web, en casi todos los aspectos del artículo-manifiesto.

También firmaron el artículo-manifiesto: Antonio Elorza, Santos Julià, Javier Marías, Nicolás Redondo Urbieta, Fernando Savater, Vicente Verdú y Enrique Costas Lombardía.

Breve comentario personal.

Es incomprensible, pero está inserto en el esquema mental de algunos que detentan el poder conferido por la ciudadanía, que nadie pueda pensar que las actitudes que se denuncian en el artículo-manifiesto, puedan servir para “cuidar los votos”. Leemos, sabemos y citamos por no hacernos pesados y entresacado de cientos de otras situaciones:

  • La cita, medicamente indicada, para ser atendidos por un cardiólogo, hace unas semanas, fue para el 19 de Enero de 2017. (hoy estamos en Enero de 2015).
  • Un paciente grave al no poder ser atendido en una Unidad de Hemodinamia, que solo funciona unas horas al día, se le traslada a cien kilómetros y muere por el camino.

Ello no está pasando en lugares insólitos. Pasa en las ciudades modernas, equilibradas, convivenciales y deliciosas de Tomelloso y Tarragona. Ambas con Servicios y Cardiólogos competentes.

España entró y se acreditó como de las mejores Sanidades Públicas del mundo por dos hechos:

  • La universalización y acceso de todo ciudadano a la Salud que impuso Ernest Lluch, Ministro de Sanidad. El aspecto social.
  • El Programa MIR que se inició en Asturias con José López-Muñiz, Presidente de la Diputación. El aspecto técnico.

Pues bien, ya tenemos los Especialistas competentes en todas partes y el Acceso Universal para la ciudadanía. Pero a los primeros, disponibles, se les impide el ejercicio con lo que los segundos mueren. Así de claro.

Reproducción del articulo-manifiesto mencionado.

El Sistema Nacional de Salud se degrada. La sanidad pública sufre desde hace años un continuo deterioro que los recientes recortes indiscriminados derivados de la crisis económica han acentuado y acelerado. Ahora, tal como está interpretada por cada comunidad autónoma a su aire; desentendida del Estado; con una gestión opaca y escaso afán por la eficiencia; sometida al partidismo; financieramente menguada; escasa de inversiones que actualicen sus instalaciones y dotación técnica; despoblándose de profesionales sanitarios y muy mal pagados y en gran parte desmotivados los que quedan; debilitada en sus principios morales por las diferencias de asistencia entre las autonomías que rompen la equidad y solidaridad y con unas listas de espera crecientes que causan la desafección y el éxodo de la clase media, soporte natural e indispensable del sistema (más de 10 millones de españoles – y se prevé que el número aumente a medida que se cree empleo- pagan ya voluntaria y espontáneamente una
póliza de seguro privado), la sanidad pública pierde progresivamente calidad y en pocos años quedará degradada a un servicio de beneficencia, una medicina para pobres.

La degradación es oculta. Las listas de espera, cada día más largas, embalsan y soterran la demanda desatendida y no permiten que la sociedad perciba la demora y la precariedad de la asistencia pública: los enfermos, obviamente aislados y desconocidos entre sí, son incapaces de hacerse presentes y el número de los que esperan es, en todas las autonomías, un dato para uso político, siempre en penumbra y manipulable. A la sanidad pública, aunque está enferma, y sin tratar desde hace años, no se le ve mala cara. De hecho, las listas de espera (ayudadas por las peculiaridades de la atención médica) actúan como una pantalla que oculta a los ciudadanos la verdadera situación del sistema e impide así la formación de una opinión pública enterada y activa.

Pasividad de los políticos. Sin una opinión pública enterada y consistente no puede producirse la presión social que, en democracia, es el motor de la acción política. El velo de las listas de espera favorece así la pasividad. A ellos les consta que la sanidad pública está en decadencia, pero los votantes no demandan su mejora y además saben bien que una reforma seria del sistema exige adoptar medidas impopulares con un muy posible alto coste electoral. ¿Correr tal riesgo para renovar un sistema cuyo deterioro los ciudadanos no acusan, ni siquiera ven? La asistencia digna a los enfermos o el afán de justicia son bellas causas que todos los partidos políticos defienden. Pero el cuidado de los votos es siempre lo primero. No cabe esperar que por sí mismos los políticos se muevan.

Instalada en el deterioro. En resumen, el biombo de las listas de espera y el temor a perder votos inmovilizan a la sociedad y a los partidos políticos y obstruyen cualquier cambio. Más aún, en realidad blindan lo establecido e instalan así la sanidad pública en un deterioro continuo y sordo. Sin duda, cada día estará peor empobreciéndose hasta que pronto pierda su núcleo más íntimo y propio, donde están la solidaridad, la equidad, la buena medicina, la cohesión social y la justicia, es decir, todo.

Exigencia moral. Solo una reforma a fondo puede salvar el sistema y solo un acto de voluntad colectiva puede ser el resorte de la reforma. Si el estado actual de las cosas cierra el camino natural de la presión social es preciso abrir otras vías.

Con tal fin presentamos este manifiesto en el que directa y públicamente pedimos a todos los partidos políticos que consideren la renovación del sistema una exigencia moral ya apremiante y emprendan la reforma capaz de vertebrarlo, mejorar la calidad de su asistencia, impedir las desigualdades territoriales, afirmar la justicia y hacerlo financieramente viable, preparado para afrontar los compromisos de hoy y los nuevos que sin remedio van a llegar.

Y pedimos también a todas las organizaciones y asociaciones de profesionales sanitarios, (colegios provinciales, consejos generales, institutos de estudios, etc.), sindicatos, organizaciones de consumidores, entidades culturales próximas a la sanidad que reiteren y apoyen nuestra demanda con la mayor publicidad posible.

Apostilla final.

Hace unos años, cuando era Conseller de Sanitat el actual Alcalde de Barcelona, sostenía en una reunión de médicos de un hospital que yo dirigía, que: las listas de espera eran su gran solución para atemperar la demanda a la capacidad funcional de los hospitales.

Ahora mismo, el actual recién nombrado Ministro de Sanidad de España acaba de decir que: las deficiencias del sistema no son cosa suya porque la Sanidad está transferida a las Comunidades Autónomas.

Dos actitudes que perviven, que se denuncian en el artículo-manifiesto y son expresión de:

  • Una grave carencia del concepto: Administración hospitalaria.
  • Una grave carencia del significado de la palabra: Estado.

Post scriptum:

Ana Macpherson, periodista de la Vanguardia nos dice el 28 de Enero de 2015: que Beatriu Bayés, Directora de un importante hospital catalán, con el soporte y apoyo ilusionado del personal, han conseguido, sin apenas coste adicional, prácticamente eliminar las listas de espera, simplemente organizando “las cosas de otro modo”.

Sobre nosotros

Doctor en Medicina (Universidades de Madrid y Barcelona) y Doctor en Salud Pública (Universidad de Yale)... saber más')

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Publicado en: La Columna

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