Salud Publica vs. Asistencia Médica

La contemplación hace unos días, de una tertulia televisiva en una importante cadena, me induce a escribir este comentario.

Generalmente son tertulianos que afrontan todos los temas de actualidad con inteligencia, sin ser expertos en nada, salvo cuando aportan importantes trayectorias profesionales.

La confusión entre los términos que encabezan este artículo no solo se da en generalistas de la comunicación sino incluso en altos cargos de las Consejerías o Ministerio.

Salud Pública es un concepto general que afecta a todas las personas, enfermos o no. Se ocupa de los sistemas generales que inciden en la salud, que comprenden varios factores, desde los geográficos o ambientales, los derivados de estructuras creadas por el hombre, las actividades del hombre ya sean intrínsecamente individuales o sociales, hasta la interrelación con otros seres vivos y tiene por objetivo, por un lado, evitar o minimizar que nada dañino del concepto afecte a las personas y que estas alcancen cotas progresivas de supervivencia en buen estado mental, social y físico. El objetivo es la persona formando parte de una comunidad y las herramientas, altamente tecnológicas, están administradas por especialistas expertos y determinadas, en  democracia y en gran parte,  por los sistemas políticos y por los valores de sus representantes (Ver: Etica y Estética). Aquí se trata de prevenir. Salud Pública, concebida así, aparece tardíamente en la historia de la humanidad y es privilegio de civilizaciones avanzadas capaces de entender la interrelación e interacción entre los factores mencionados. Su acción es general y muchas veces trasciende las fronteras.  Unas ejemplos: la epidemiología, la potabilización y el saneamiento, la educación sanitaria…

Asistencia Médica está centrada en la acción directa sobre la persona enferma. Actúa sobre las patologías tal y como se expresan en los individuos; las herramientas son las propias de la Medicina, también altamente tecnológicas y científicas y son administradas por los médicos y las profesiones sanitarias de su entorno, con el soporte de unas estructuras llamadas hospitales y centros de salud. Aquí se trata de curar, restablecer la salud, rehabilitar. A pesar de su acción sobre el individuo, también hay ejemplos que exigen planteamientos generales y ámbitos territoriales grandes, por ejemplo: la organización que hace posible los trasplantes o la comunicación científica internacional.

Ambas son consecuencia del esfuerzo de comunidades organizadas.

Salta a la vista que, siendo distintas, ambas disciplinas se entremezclan; de ahí la confusión de quien no haya reflexionado o no se haya preparado para entender las diferencias.

Después de la definición de Charles Edward Winslow de 1916, poco o nada se ha podido añadir a la definición de Salud Pública aunque todos intentemos matizarla. Una de las más recientes, en 1986 en la 1ª Conferencia Internacional para la Promoción de la Salud, elaborada por la OMS en la CARTA DE OTAWA se menciona: educación, vivienda, educación, ingresos, medio ambiente, trabajo, transporte, empleo, libertad, acceso.  Nada que no hubiese dicho mejor Winslow. A veces, como no infrecuentemente ocurre en las declaraciones de la OMS, se trivializa o se descontextualiza queriendo abarcarlo todo: transporte, libertad, etc.  Donde haya un hombre, haga lo que haga, hay siempre un componente de salud y en la medida en que trascienda, es pública, vaya este hombre en tren, avión o piragua.

Lo mejor que se me ocurre hacer para ayudar a los hombres públicos que deciden sobre salud, pública o individual, es rogarles que paren todo lo que están haciendo y dediquen unos días a aprender del argentino  Mario Rovere. Vean sus trabajos sobre Desafios de la Formación en Salud Pública en salud colectiva: cátedra medicina preventiva y social.  Pónganselo como preferido en su TABLETA y léanlo antes de ir a dormir día tras día o noche tras noche.  Y si les asalta alguna duda escríbanle: mrovere@fibertel.com.ar

En salud, como en tantas otras circunstancias,  los hombres recién llegados, parecen disfrutar usando palabras antiguas, como si las descubriesen, para elaborar conceptos nuevos y se pierden irremisiblemente en la tristeza. (Frase inspirada en Gilles Deleuze, 1925-1995, cuando elabora sobre la postmodernidad). Siguiendo con Deleuze, no se dan cuenta que es una tristeza inducida por las sociedades de control.

Lo que queremos decir es que hay que evitar caer en la esquizofrenia que denunciábamos en Ética y EstéticaQue Otawa no arrincone a Winslow o que, al menos,  sienta vergüenza por hacerlo.

Y ya puestos, es otra vez Deleuze, quizás quien más y más lucidamente ha pensado sobre el momento histórico, quien nos dice: “lo que más nos falta en esta era es: un sistema, una totalidad, un orden, en definitiva coherencia”. Ya que: “La historia no solo nos dice lo que somos, sino también lo que estamos dejando de ser”.

Sobre nosotros

Doctor en Medicina (Universidades de Madrid y Barcelona) y Doctor en Salud Pública (Universidad de Yale)... saber más')

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Publicado en: La Columna

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