Medicina, ¿dónde vas?

En este artículo, el Dr. Carles Soler-Durall (saber más), da su versión personal del pasado, presente y futuro de la profesión que más interacciona con el ser humano: la Medicina.

En él veremos cómo, al compás de los avances técnicos, se van configurando nuevas Medicinas hasta llegar a nuestros días. Más aún, que va a pasar en un futuro, ya casi presente, en que aparecen nuevas noxas trascendentales.

Ello afecta a nuestros médicos, a las Escuelas que los forman, al sistema y fundamentalmente, a cada uno de nosotros. Algunas connotaciones son inquietantes por lo dependientes que son de las estructuras políticas superiores y a sus protagonistas que, según lo cultos, sensibles y capacitados que sean pueden ayudar a que nuestras vidas, como consecuencia de su facilitación al desarrollo de la Medicina que prevemos, estén protegidas o arruinadas en caso contrario.

El artículo ha de interesar mucho a los médicos pero ha sido escrito pensando principalmente en ti, ciudadano lector.

Medicina, ¿dónde vas?

El reconocimiento de W. Mark Saltzman, fundador del Departamento de Biomedical Engineering, en 2003, en la School of Medicine de la Yale University, como miembro del prestigioso Institute of Medicine, me lleva a escribir esta breve nota en cierto modo inquietante.

Entre otras aportaciones, Saltzman, ha miniaturizado los polímeros de cesión lenta en nanopartículas directamente absorbibles por las células. Es algo muy importante que puede transformar la terapéutica. Pero lo que está haciendo Saltzman, en mi resumen de divulgación, no lo entenderán la mayoría de mis lectores. Y, me atrevo a decir que tampoco la mayor parte de los médicos. Pero si decimos que Lieping Chen, también de Yale, es pionero en el descubrimiento de un grupo de agentes inhibidores con capacidad de modulación, llamados PD-1/PD-L1, nos pasaría exactamente lo mismo a pesar de tratarse de medicamentos que ya se está demostrando son efectivos en tumores de riñón y pulmón y en general en tumores sólidos y hematológicos. Estas son las verdaderas noticias que no aparecen en los medios y que, no obstante, afectan directamente nuestras vidas.

Si repasamos lo que hay detrás de los términos y conceptos: ingeniería genética, robótica aplicada a la medicina, inteligencia artificial indistinguible de la humana, transhumanismo, y un largo etcétera; y averiguamos quienes son y donde trabajan los científicos y técnicos que los gestionan descubrimos que no todas las veces son médicos y hospitales. Son investigaciones de científicos no médicos en Universidades y Centros de alta tecnología. Todo el mundo ha perdido el miedo a la enfermedad y se siente con ánimo y capacidad para irrumpir en ella aunque no haya visto jamás un enfermo. A nivel molecular son capaces de curar enfermedades cuya expresión clínica jamás han visto.

Si aceptamos que a través de un reloj en nuestra muñeca, conectado inalámbricamente con un Smartphone de última generación, y con métodos no invasivos, obtendremos centenares de parámetros que nos alertarán a tiempo y aconsejarán, substituyendo en tiempo real los consejos de médicos y hospitales, asistimos a una nueva forma de incidir en la salud. Y pensemos que esto de última generación pasa de moda a una velocidad de vértigo. No todos estos artilugios y avances técnico-científicos podrán jamás substituir ni mucho menos la comunicación humana que quizás, con la traumatología será el último reducto del quehacer médico a la manera como la entendemos hoy.

Nuestros médicos y hospitales ya manejan estas innovaciones cuando les llegan, pero uno intuye que la velocidad del avance no corre parejas con la velocidad del aprendizaje. Sin duda, cuando aquellas tecnologías salgan del mundo críptico donde se gestan y se hagan amigables, los médicos y enfermeras los usarán con normalidad. Exactamente igual a como la informática casera la usa todo el mundo como parte de su vida cotidiana y ha saltado del ordenador de sobre mesa a la tableta y al teléfono sin el cual no sabríamos vivir abrumados por la sobre-información.

Volviendo a la medicina y los médicos uno no puede resistir la tentación de pensar en cómo deberá ser el médico del futuro y cómo las Facultades de Medicina. Deberán incorporar todo esto a su capacidad de fundirse anímicamente con sus pacientes, como siempre, pero ahora para defenderle de nuevas agresiones. Me refiero al ambiente viciado por el hombre, la gestión tóxica a que se somete su vida social como ente político y la erótica del consumismo, que tratan de arruinar su libertad a beneficio de unos listos, pero casi siempre contra su salud. Tendría gracia o mejor, desgracia, que la mejor y más larga vida que le proporcionará la ciencia se la arrebaten unos listos. Un gran esfuerzo de diagnóstico social y extirpación de esos listos es necesario.

Parece como que, al saber más sobre el cuerpo humano y al adentrarnos en el mundo molecular, el paciente como un todo, adquiere un nuevo sentido que escapa a una comprensión global que lo sumerge en la soledad.

Los cuatro niveles de información en el desarrollo de la medicina.

Muy grosso modo y para el fin que nos interesa, podríamos relatar:

Un primer nivel: La podríamos llamar hipocrática lo que el médico captaba, con sus sentidos, todo lo que podía del paciente y aplicaba medicinas naturales. Se trataba solo de enfermedades con expresión clínica.

Un segundo nivel: Con Röntgen (1845-1923) y Pasteur (1822-1895) aparece algo nunca visto por el ojo del médico: imágenes más allá del ojo humano para conocer las interioridades del cuerpo humano de forma incruenta y las causas de las enfermedades infecciosas que junto al avance de la bioquímica que explica el funcionamiento de los órganos y la genética, nos llevan a la medicina de hoy. Con ello van aparejadas nuevas terapéuticas y prevenciones. Una medicina más allá de la expresión clínica.

Un tercer nivel: que podríamos llamar molecular. La imagen directamente relacionada con el órgano pasa a segundo plano y la información microbiológica y bioquímica se alejan de otra realidad profunda a la que se accede con alta tecnología. Es la que está empezando ahora mismo. Es la medicina con expresión molecular.

Un cuarto nivel: Aparecen de forma contundente las noxas sociales. Con expresiones clínicas psíquicas, somáticas y conductuales que pueden llegar al suicidio. Con orígenes varios sin despreciar la incompetencia política que requerirán nuevas terapéuticas. No debiera poderse neurotizar a la ciudadanía sin castigo. Aquí el castigo, desgraciadamente, no pude ser ni quirúrgico, ni químico ni radioterápico. Está en manos de la formación del ciudadano y en las urnas.

Este futuro médico, conservando el saber de todas las etapas, deberá añadir a todo lo nuevo que aprender una nueva capacidad crítica de pensar, de filosofar a la manera de los filósofos griegos y sucesores incluyendo a Habermas y Arendt. Otro gran esfuerzo para la pedagogía médica.

En el Capítulo V del inefable libro de Josep Maria Esquirol, profesor de filosofía política y de pensamiento contemporáneo, La resistencia íntima (Ed. Acantilado. Barcelona, 2015) se trata con lucidez cartesiana del profundo y trascendente papel del médico. No lo puedo reproducir aquí pero lo recomiendo encarecidamente a mis lectores. He aquí algunas de sus reflexiones o invocaciones con mi comentario:

  • Médico, enfermero, cooperante…, son formas del mismo gesto de resistencia ante las fuerzas entrópicas que atacan y asedian la vida humana. Comentario: concepto recurrente y muy bien documentado en su libro sobre la resistencia íntima, que es una forma de mantener la integridad.

  • ¿Qué puede aprender la filosofía de la medicina? Comentario: Mi pregunta sería: ¿Que puede aprender la medicina de la filosofía? Son dos formas de ver lo mismo desde formaciones distintas, Esquirol el filósofo yo el médico. Veamos, yo creo que Esquirol descubre en la medicina una metodología filosófica que el médico la aplica inconscientemente. A saber: el filósofo ve en la práctica de la medicina un proceso que le es propio, búsqueda del conocimiento (diagnóstico), constante desconfianza en las interpretaciones y búsqueda de nuevas metodologías (hermenéutica) para interpretar mejor…

Lo que estas reflexiones propician, son las siguientes preguntas:

  1. ¿Están nuestras actuales Facultades de Medicina capacitadas para formar a los médicos del futuro?

  2. ¿Son nuestros estudios hacia la adquisición de competencias para asumir responsabilidades públicas (programas MIR y variantes) adecuados a las necesidades de este futuro tiempo?

  3. ¿Debe quedar la acción sobre las personas, enfermas o no, cuando se trata de mantener su salud, curar sus enfermedades o rehabilitarlas, encerrada o limitada a la profesión médica?

  4. ¿Cómo imaginamos que debiera ser el médico del futuro?

  5. ¿Y la estructura sanitaria del futuro?

Obviamente, mi conato de respuestas es subjetivo y personal y solo lo avala mi formación, información y experiencia, que asumo e invito al lector a interaccionar.

  1. ¿Están nuestras actuales Facultades de Medicina capacitadas para formar a los médicos del futuro?

    Hay una anterior y es: ¿qué demandará el paciente del futuro? Ahora lo anticipo:

    • Que alguien, profesionalmente, lo entienda como persona integral, con su perfil propio y su propia funcionalidad.

    • Que ese alguien, más allá de la medicina clásica, sepa qué factores sociales, laborales, internos, íntimos y políticos, en lo humano y ambientales en lo externo, pueden desequilibrar su integridad.

    • Que ese alguien, esté técnicamente capacitado para saber cómo neutralizar aquellas fuerzas desestabilizadoras, movilizando los recursos a su disposición, en su beneficio.

    • Que ese alguien, además de todo lo anterior, mantenga una actitud implícita en la alteridad y genere su confianza.

    • Que ese alguien, sea un luchador activista y no le arredre salir a la luz pública cuando el beneficio de su paciente lo exija. Y deberá saber calibrar muy bien cuando deberá alzarse contra la jerarquía o poner en crisis una ley injusta. No se olvide que la ley, para ser ley, debe ser: posible, honesta, permanente y promulgada. ¿Lo garantizan nuestros legisladores? ¿Y nuestros políticos, que para auto-protegerse de sus desmanes la invocan constantemente, sin reparar en la honestidad o posibilidad, factores variables que ellos mismos socavan deslegitimándo la Ley al no saber mantener una acción pro-activa en defensa del bien común?

    No voy a seguir, porque estoy definiendo un ángel de la guarda, el que no abandonaba a mis hijas ni de noche ni de día. Lo que trato de decir es que a la vista de que los agentes que debieran cuidar de parte de aquellas necesidades de nuestro futuro paciente no lo hacen y no lo van a hacer entretenidos en el y tú más y las jiripolleces, gritos y gesticulación, que en su vaciedad, les distancian cada vez más del pueblo aunque le llamen ciudadano, en lugar de gente, compuesto precisamente por donde reside el poder. Granovetter (1973) antes de las redes sociales de Internet, definió, con perfección, la fuerza de los vínculos débiles. Hoy, estos vínculos han adquirido una fuerza demoledora, nadie puede con ellos, por dos razones: por lo extendido del acceso a una información universal cada vez mejor y por el deseo irrefrenable de comunicación que facilitan las redes sociales.

    Nuestros médicos del futuro no podrán atender aquellas demandas sin conocer las técnicas adecuadas. A Toxoplasma Gondii, PD-1/PD-L1 o Telangiectasia, tendrán en su terminología, que añadir nuevas noxas y virus, esta vez de orden social, pero que enferman a la gente e incluso la matan.

    Progresivamente, los vínculos débiles, irán infligiendo los correspondientes correctivos a los listos a los que invocaba Voltaire, ya en 1739, en su carta a Federico II de Prusia:La palabra político significa, originariamente, ciudadano, mientras que hoy, merced a nuestra perversidad, viene a significar embaucador de los ciudadanos.”

    Nuestras Facultades tendrán que adaptarse y que a nadie le extrañe ver en el claustro a filósofos y expertos en física cuántica.

  2. ¿Son nuestros estudios hacia la adquisición de competencias para asumir responsabilidades públicas (programas MIR y variantes), adecuados a las necesidades de ese futuro tiempo?

    Son imprescindibles, y desde que en Asturias se implantó el programa MIR, la Medicina española de hoy es de las mejores.

    El residency training y sus versiones en cada país con los complementos que, también cada país organiza, aseguran calidad suficiente para que los pacientes se puedan sentir seguros y protegidos.

  3. ¿Debe quedar la acción sobre las personas, enfermas o no, cuando se trata de mantener su salud, curar sus enfermedades o rehabilitarlas, encerrada o limitada a la profesión médica?

    Sin duda, ya ahora, son muchas las profesiones que concurren y serán más. El médico deberá asumir el papel de coordinador en una visión wholistica que desde Hipócrates nunca ha perdido. Solo que ahora, mucho más complicada debido a la multidisciplinariedad de los participantes.

  4. ¿Cómo imaginamos que debiera ser el médico del futuro?

    Lo imaginamos, básicamente, para atender las demandas del paciente del futuro y con personalidad para conformar su actitud y capacidad de adaptación a las presiones que todo ello le demandarán.

    Como cuestión previa no podemos silenciar la exigencia sobre su salud mental. Mandy Oaklander, en el Time Magazine de 7 de Septiembre de este año (2015) nos dice que ya el médico actual de los EEUU está stressed, burned out y depressed y que transmite estas lindezas a sus pacientes en parte porque se está haciendo eco de esto mismo de que están siendo portadores sus pacientes. El estudio de Mandy está documentado y explica como para mantener la salud mental de los Médicos Residentes, hay que someterlos a un programa de Reflection Rounds. Sin ánimo de dramatizar, eso se refleja ya en el número de suicidios anuales, etc. y todo ello, en parte justifica la escasez prevista de 9.000 médicos en 2025.

  5. ¿Y la estructura sanitaria del futuro?

    Pasa por redefinir el concepto de sanitario, public health.

    Yo mismo soy Doctor of Public Health por la Yale University. Y ya entonces (1957) nos enseñaban que más allá de lo que constituía y constituye el core de la disciplina y sus técnicas, debíamos colocarnos siempre en la piel del que recibe estos servicios en un mundo que sería siempre cambiante. Ahora, más de cincuenta años más tarde, debiéramos revisar si nuestra estructura sanitaria tiene en cuenta esto o está enredada en un entramado de pequeñeces y negocios que fuerza y lleva, en ocasiones, incluso a la OMS a inventar enfermedades y aconsejar la compra, en millones de euros, de productos que luego hay que tirar. No digamos en la pequeña escala local, cuando se provocan desviaciones de lo público a lo privado, con ciertos políticos disimulando y lo peor, con grave perjuicio para ambos, cuando una correcta coordinación ayudaría a la gente.

Sobre nosotros

Doctor en Medicina (Universidades de Madrid y Barcelona) y Doctor en Salud Pública (Universidad de Yale)... saber más')

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Publicado en: La Columna

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