Las enfermedades mentales

Las enfermedades mentales

TV3 ha organizado la MARATÓN de este año 2008 para que todos nos concienciemos y ayudemos en los síndromes psiquiátricos graves. Este artículo pretende contribuir, en el área informativa médica, al esfuerzo general que Catalunya está realizando en pro de estos pacientes.
Lo que hoy sabemos de las Enfermedades Mentales no tiene prácticamente nada que ver con lo que sabíamos solo hace 40 años.
Y esto quiere decir que:

  • El enfermo mental considerado ajeno y peligroso ya no lo es. Ajeno no lo es porque hemos aprendido que está tan cerca como cualquier otro enfermo orgánico y peligroso tampoco porque nunca lo ha sido. Más bien los peligrosos para el enfermo hemos sido los demás al no tratarlos con la normalidad y comprensión que requiere cualquier enfermo, con la agravante de que al incidir nuestra conducta en un terreno en que la interacción humana y social, como factor etiológico, es esencial, hemos empeorado las posibilidades terapéuticas y rehabilitadoras. Y también le hemos obligado a adoptar una actitud defensiva o reactiva alimentando la excusa de la peligrosidad.
  • Hemos aprendido en nosotros mismos, los “sanos”, que hay momentos en nuestras biografías y en los estímulos, estados de ánimo y circunstancias del entorno, que nos han hecho sentir o aparecer, por corto que haya sido el tiempo, como partícipes de alguno de la retahíla de síntomas como los siente el enfermo mental.
  • Sabemos que existen unos mecanismos neurofisiológicos cuya regulación eléctrica unas veces y química otras, nos obligan a expresarnos de una u otra forma que se manifiesta en nuestra conducta.
  • De la Farmacología y del estudio de los efectos de ciertas substancias psicoactivas, hemos aprendido que ciertos síndromes, como puede ser la esquizofrenia y otros, aparecen modelizados como si el hombre fuera un cobayo o ratón de laboratorio y que los podemos controlar con medicamentos.
  • También sabemos que la velocidad con que avanza la ciencia es progresivamente acelerada.
  • También sabemos que algunas enfermedades van ligadas a un “lugar” genético preciso, con nombre y apellidos.
  • Podemos recordar como hace muy poco, antes de Pasteur, las enfermedades infecciosas se atribuían a cualquier cosa menos a una bacteria y desde hace menos tiempo las víricas. No hace falta ser un lince para pensar, e incorporar al saber colectivo, que con las E. mentales debe pasar igual, aunque ahora no se llamen microbios o virus sino procesos en la neurotransmisión estimulados por factores que pronto serán perfectamente identificables, previsibles y en su caso curables como los antibióticos y las vacunas terminaron con gran parte de E. infecciosas.
  • Debemos cambiar nuestra actitud respecto de las E. mentales tanto si las padecemos como si las padecen.

No se trata pues de relativizar las E. mentales, ni de quitarles entidad nosológica, ni de renunciar a ningún recurso justificable y bien gestionado, pero sí de abrir nuestra mente, borrarla de prejuicios y ponerla al servicio de lo que es mejor para los pacientes.

De “Healthy Place.com” , publicación de una “comunidad de gente dedicada a proveer información sobre la salud mental y a apoyarla en busca de la oportunidad de compartir experiencias que puedan ayudar a los demás”, reproduciremos el artículo “Mental Illness-An overview” que lo consideramos profesional y excelente como introducción a las E. mentales. Asimismo agradecemos a la publicación “muy extra” de Invierno 2009, otra publicación que presta grandes servicios a la salud y a su Director José Pardina, la autorización para reproducir la excelente imagen sobre síntomas de la ansiedad.
La Maratón, Healthy Place, el muy extra de Muy Interesante, quizás nuestra modesta contribución, todo es poco al lado de “la fuerza de los vínculos débiles” de Mark Granovetter que mencionábamos a propósito de la E. de Alzheimer y que, si podemos ayudar a crecer, es la fuerza que llegará a mover el mundo y vencer la enfermedad, porque esa fuerza es patrimonio de los más y mejores.
Carles Soler-Durall, Dr.of Public Health (Yale).

LA ENFERMEDAD MENTAL -UNA VISIÓN DE CONJUNTO

Cuando la gente oye “enfermedades mentales” se imagina a una persona torturada por un imaginario de obsesiones que solo el o ella ve, o por unas voces que solo ella o el oye. O puede también pensar en una persona, bendita de Dios, como el personaje encarnado por Jimmy Stewart en “Harvey” hablando con unos amigos inexistentes.

Esto, por descontado, es la versión de enfermedad mental que la mayor parte de nosotros hemos desarrollado a partir del cine o las novelas. Las películas o los libros tratan de crear efectos dramáticos a menudo apoyándose en síntomas extraordinarios de una enfermedad psicótica como la esquizofrenia o construyen descripciones pasadas de moda de la enfermedad mental basadas en un tiempo en que no se tenía ni idea de que las causaba. Pocos de los que han visto estas caracterizaciones se dan cuenta de que las personas que sufren, incluso las más graves de esas enfermedades, raramente dejan de estar en contacto con la realidad por mucho que sufran por las mismas.

Es más, pocas enfermedades mentales manifiestan alucinaciones como síntoma. Por ejemplo, la mayor parte de la gente con trastornos fóbicos no tienen alucinaciones ni delirios, tampoco los afectos por síndromes obsesivo-compulsivos. La mayor parte de la gente con depresiones no están tan enfermos como para actuar en función de extrañas percepciones o pensamientos. Las sensaciones de desesperanza, abandono y pensamientos de suicidio, la desesperación que comporta el alcoholismo o la drogadicción, pueden ser difíciles de asumir pero son y se sienten como reales, como emociones dolorosas pero no como alucinaciones o delirios.

Estas, ampliamente difundidas creencias, olvidan una contundente realidad: el 80% de las enfermos mentales pueden efectivamente volver a la normalidad laboral y social si reciben el tratamiento adecuado. Los psiquiatras y otros miembros del equipo terapéutico pueden ofrecer a sus pacientes una amplia variedad de tratamientos eficaces.

Es muy importante que la gente sepa que estos servicios existen y están disponibles ya que cualquiera, independientemente de su situación económica, edad o raza, puede desarrollar una enfermedad mental.
Los datos que daremos a continuación son de EEUU pero no difieren demasiado de los que podemos encontrar en cualquier país occidental.
Estas cifras pueden parecer exageradas pero proceden de profesionales que las tratan cada día y que sus percepciones con más conocimiento de causa que los no profesionales son con seguridad más ajustadas a la realidad.

  • Un 22% de la población tiene a lo largo del año algún episodio que provoca un cierto grado de incapacitación en su vida diaria laboral o escolar.
  • Un 20% de quienes buscan asistencia profesional psiquiátrica es por trastornos de ansiedad.
  • Entre un 2,5 y un 4,6 % sufren trastornos de ansiedad una vez al año y un 20% de la población un episodio grave en su vida.
  • Un 2,5 % de niños por debajo de los 18 años sufren trastornos mentales como autismo (o E. relacionadas), depresión y trastornos de atención e hiperactividad.
  • Un 0.6 % sufren esquizofrenia o síndromes relacionados.
  • Un 0.38 % de adultos y un 1,5 % de adolescentes sufren problemas graves relacionados con el alcohol y un 4 % con abuso de drogas o dependencia.
  • Un 25% de personas mayores etiquetadas de seniles, de hecho, sufren trastornos psiquiátricos perfectamente tratables.
  • El suicidio es la tercera causa de muerte entre jóvenes entre 15 y 24 años de edad.

Estas son las cifras que, si no las sabíamos, nos parecerán espeluznantes. Algún porcentaje de entre los porcentajes son inherentes a la persona y su microcircunstancia pero una gran parte se deben a factores fuera de su control consecuencia del sistema laboral, social y político en que están inmersos y cada vez más a factores globales y a lo que podríamos llamar aireadores de fantasmas que buscan audiencia en el fomento del terror.
Se comprende que dependerá mucho del equilibrio de las personalidades, de su debilidad y fortaleza, el que sean más o menos resistentes a ataques externos. Pero no tenemos la obligación de ser todos fuertes y sí la tienen aquellos en los que depositamos nuestra confianza para que nos eviten lo innecesario y no creen, con sus conductas, inseguridad, incoherencia y tristeza. Tres noxas de la psicopatología.

¿Por qué muchos enfermos están sin tratamiento?

He aquí 5 razones:

  • Muchos enfermos no reconocen la enfermedad en ellos mismos. Entorno a un 27% de pacientes que buscan asistencia médica por problemas físicos en realidad sufren trastornos emocionales.
  • La falta de reconocimiento se extiende no solamente a las E. mentales sino también al posicionamiento personal ante drogadicciones, alcohol y tabaco. Los varones son más propicios a drogas, alcohol y trastornos de personalidad y las mujeres a depresión y ansiedad.
  • El costo personal y social consecuencia de trastornos mentales no tratados es considerable, similar al cáncer y las cardiopatías.
  • Los trastornos mentales y emocionales pueden ser tratados o controlados pero solo un 20% buscan ayuda y solo un 15% de niños con trastornos mentales graves reciben tratamiento. Esto queda agravado porque la inmensa mayoría de entidades aseguradoras y las mutualidades no cubren estos riesgos. Cuando algunas voces se levantan, pidiendo que se consideren, solo encuentran socarronería por parte de los gestores del colectivo en cuestión.
  • La medicación resuelve o controla el 80% de síndromes esquizofrénicos pero solo la mitad de los enfermos busca tratamiento.

Menos del 25% de enfermos con trastornos de ansiedad conectan con el sistema de salud que les favorecería a pesar de que con psicoterápia, terapias de conducta y grupo y algunas medicaciones, son tratamientos efectivos.
Menos de un 33% con trastornos depresivos buscan tratamiento mientras que entre el 80 y el 90% mejorarían.

Avances en diagnóstico y tratamiento.

Los investigadores han realizado extraordinarios avances en cuanto a los orígenes físicos y psicológicos de las enfermedades mentales y de las enfermedades por drogadicción. Veamos algunos:

  • Los científicos están ahora seguros de que desequilibrios en la neurotransmisión (sustancias químicas que comunican las neuronas entre sí) son la causa de algunas de esas enfermedades. Niveles anormales de neurotransmisores son causa de depresión y esquizofrenia.
  • Avances en radiología como el PET (tomografía por emisión de positrones) ha permitido saber el funcionamiento cerebral en cuanto al deficitario metabolismo de la glucosa en esquizofrenias o en fases maníacas o maniaco-depresivas.
  • Ataques de pánico en enfermos graves de ansiedad, que pueden ser tratados farmacológicamente tienen su origen en desequilibrios físicos o bioquímicos.
  • Derivados del litio en trastornos maniaco-depresivos (bipolares) han producido grandes ahorros en el tratamiento y en los costos laborales.
  • La psicoterapia es muy efectiva en las depresiones no graves.
  • Los científicos están empezando a desentrañar las causas bioquímicas que conducen a la busca desenfrenada (craving) de droga en los cocainómanos con lo que el camino hacia la terapia está abierto.

Todos estos hechos introducen una esperanza positiva y cierta hacia la curación de las enfermedades mentales.

Para nuestro fin informativo englobaremos todas las enfermedades mentales en 4 apartados:

  • DEPRESIÓN
  • ANSIEDAD
  • ESQUIZOFRENIA
  • ABUSO DE SUSTANCIAS PSICOACTIVAS.

DEPRESIÓN

La depresión es el problema emocional diagnosticado con más frecuencia. Un 25 % de personas la han sufrido en un momento de sus vidas y la prevalencia (gente que la sufre en un momento dado) es del 4% de la población.
El término “depresión” requiere matizaciones. Con frecuencia, la gente se refiere a ese término para describir una emoción pasajera que desaparece rápidamente. Todos nos sentimos tristes o pesimistas en un momento dado, pero si esa emoción permanece largo tiempo y va acompañada de sentimientos de culpa, desesperanza o desamparo, puede ser indicativo de depresión real como enfermedad mental; como algo distinto de un cambio de humor.
Personas con depresión grave nos dicen que, para ellos, la vida no tiene sentido. Se sienten rebajados, quemados e inútiles. Algunos se sienten incluso sin fuerzas para moverse o comer. Dudan de sus propias habilidades y a menudo se refugian en el sueño como una forma de eludir o escaparse de la vida diaria. Muchos incluso piensan en el suicidio como forma de escape sin retorno.
Otros síntomas ligados a la depresión son: falta de sueño, pérdida de la autoestima, incapacidad de sentir placer en actividades que antes les divertían e interesaban, pérdida de impulso sexual, insociabilidad, apatía y fatiga.
La depresión puede ser respuesta al stress producido por un cambio o pérdida de empleo, la pérdida de un ser querido, o incluso los avatares de la vida diaria. Incluso, a veces, no se encuentra una causa externa que lo justifique. El problema aunque invalidante no tiene por qué ser insuperable. Existe tratamiento.
Algunas personas sufren un trastorno maniaco-depresivo (también llamado bipolar), enfermedad en que el humor de los que la sufren oscila de la depresión a la actitud exultantemente alegre y orgullosa o manía, caracterizada por hiperactividad, ideas dispersas, falta de atención e inquietud. La mayor parte de estos pacientes responden notablemente bien a las sales de litio, equilibrando sus altibajos.
Los psiquiatras, como hemos dicho, disponen hoy de un arsenal de medios terapéuticos que van de la medicación a la psicoterapia individual y de grupo o terapias electroconvulsivantes. Lo fundamental es acudir pronto a ellos.
Lógicamente, los más graves (con tendencia al suicido, etc.) pueden requerir cuidados intensivos en centros especializados.

ANSIEDAD

El miedo es una válvula de escape que nos permite reconocer y evitar los peligros. Incrementa las respuestas reflexivas y agudiza nuestras alertas.
Sin embargo, cuando el miedo se convierte en irracional, el terror nos invade o el miedo nos paraliza e interfiere con nuestra vida diaria, puede que estemos ante la ansiedad como enfermedad.
Aproximadamente entre el 10% y el 18% de la población padece distintos grados de ansiedad y de ellos el 11% por temores derivados de una enfermedad física. Y el 20% de quienes acuden al médico general tienen ansiedad.
Es el momento de decir que la ansiedad en sí misma no es buena ni mala, es la forma como reaccionamos ante la ansiedad lo que puede transformarla en un estímulo para una mejor “performance” o degenerar en enfermedad. Las buenas noticias son que la ansiedad patológica está siendo estudiada con gran esperanza, y las nuevas tecnologías señalan su localización cerebral y genómica y la bioquímica permite distinguir el grado de riesgo de una evolución y poner remedio a tiempo.
Hay diferentes formas clínicas de expresar la ansiedad excesiva. Las fobias, por ejemplo, son irracionales, son miedos terribles respecto de un objeto específico, una situación social o un espacio público. Sin embargo, si el objeto del miedo no aparece prácticamente nunca en la vida real del enfermo, la ansiedad es soportable, pero cuando esto ocurre constante o frecuentemente, la situación puede ser grave.
La psiquiatría divide las fobias en: las específicas, las sociales y las espaciales.

Específicas
Una de las fobias más corrientes en la población es miedo a los animales: perros, ratones, serpientes, insectos. Otra es el miedo a los espacios cerrados (claustrofobia) abiertos (agorafobia) o alturas (acrofobia). La mayoría se desarrollan en la infancia y desaparecen o perduran. Las que perduran, raramente se curan sin tratamiento.

Sociales
Son el miedo irracional a que las propias actividades sean contempladas por otros. La enfermedad va más allá del normal nerviosismo de aparecer en público. Quien sufre este tipo de fobias teme o se siente humillado porque le vean firmar un cheque, beber una taza de café, abrocharse el abrigo o comer ante la mirada de otros. Ello les puede llevar a evitar tratar con la gente, retrayéndose cada vez más, impidiéndoles el trabajo y la escolarización. Ocurren igual en hombres que en mujeres, aparecen en la pubertad y llegan a máximos por encima de los 30 años. Una persona pude tener una sola o más de una fobia.

Espaciales
Ya hemos citado algunas. La ágorafobia, quizás la más común, (del griego ágora=plaza pública) se salta la regla y es más frecuente (el doble) en mujeres. Son gente que teme no poder escapar en caso de necesidad, evitan grandes almacenes con mucho público, calles, iglesias, teatros, cines. Cuando no tienen más remedio se hacen acompañar por amigos o familiares. Avanzando el proceso llegan a no salir de casa.
La mayoría de pacientes con agorafobia desarrollan la enfermedad después de uno o más ataques iniciales de pánico, cuya razón no se pueden explicar y en su evitación van desarrollando una conducta que anticipa futuros ataques de pánico, previniéndolos. Los pacientes con agorafobia también pueden desarrollar fatiga, depresión, tensión emocional y caer en el alcoholismo y drogadicciones y en general alteraciones obsesivas.
Se tratan con expertos, ayudándoles a reconocer los orígenes de sus fobias, con técnicas de relajación muscular, evolucionando hacia la curación.
El pánico como enfermedad puede ir acompañado de fobias o aparecer solo. Los pacientes se sienten bruscamente con una aprensión intensa, miedo o terror y lo somatizan: sudoración, palpitaciones, dolor torácico, desequilibrio, fases de frío/calor, temblores y desfallecimientos. Solo cuando esto se cronifica podemos hablar de enfermedad seria.

La gente con ansiedad generalizada sufren por cosas desligadas de la realidad, temor a estar arruinado cuando tienen abundante dinero en el banco y no tienen deudas, temor a que le pase algo a su hijo en la escuela, guerra o terrorismo inminente, etc. Estas ansiedades pueden temporalmente desaparecer pero vuelven.
Estas conductas son parte de los síndromes obsesivo-compulsivos
que incluyen obsesiones como conductas rituales repetitivas (lavarse las manos, constatar si llevan dinero o las llaves de casa, no tocar nada sin guantes, etc. etc.). Se dan cuenta de que es una conducta anormal pero no la pueden evitar, no les gusta hacerlo pero la ansiedad aumenta si se les interrumpe.
Se investiga mucho sobre el tema que es importante, extenso y serio. Se ha pensado en recuerdos de traumas infantiles, en la bioquímica cerebral, pero se reconoce que hay que investigar más.

ESQUIZOFRENIA

Como la depresión, la esquizofrenia afecta por igual a personas de cualquier edad, raza o nivel económico. En un momento dado un 0,6 % de la población se encuentra afecta (prevalencia). Sus síntomas atemorizan a los pacientes y a sus familiares y el enfermo empieza a sentirse aislado a medida que se percata de su enfermedad.

El término esquizofrenia hace referencia a un grupo de alteraciones mentales que tienen unas características comunes aunque las causas pueden ser diferentes. La característica principal de la esquizofrenia es una distorsión de las formas de pensar. El pensamiento del esquizofrénico parece saltar bruscamente del sujeto al objeto a menudo sin ninguna lógica. El enfermo puede pensar que los demás le vigilan y se confabulan contra el. Con frecuencia, pierden su autoestima y se retiran del entorno familiar o amigable.

La enfermedad con frecuencia afecta a los sentidos: oyen ruidos inexistentes, voces, música e imágenes que tampoco existen. Como quiera que sus percepciones no se ajustan a la realidad, reaccionan inapropiadamente con el mundo circundante. Además la enfermedad afecta a las emociones con reacciones inapropiadas sin estímulo justificante.

Aunque los síntomas pueden aparecer bruscamente, lo normal es que se desarrollen gradualmente lo que lleva a los familiares y amigos a no percatarse de los cambios en las fases iniciales.

Como siempre que no se conocen con certeza las causas, se especula sobre ellas, muchas veces con teorías bien razonadas pero que requieren comprobación objetiva más profunda soportada por investigaciones rigurosas. Estas teorías hablan de factores genéticos pasados de generación en generación, de stress, de predisposición, de química cerebral u hormonas o una combinación de varios factores incluso con hallazgos bioquímicos en sangre y orina o cierta acumulación celular anómala en el cerebro que se debería a algo que ocurre en la gestación. La sintomatología producida por algunas drogas y su conocido mecanismo de acción, así como el de los medicamentos, ayudan ir desentrañando la patología.

No se puede curar pero sí controlar y hay casos descritos serios en que después de un episodio bien tratado, las manifestaciones clínicas desaparecen por largos periodos o para siempre.

El tratamiento requiere ser personalizado y estrechamente supervisado por el psiquiatra especialista. Los cambios en el entorno, la colaboración familiar y la reducción de los factores de stress ayudan mucho a la normalización.

ABUSO DE SUSTANCIAS ADICTIVAS

Al tratar de enfermedades mentales no se puede ni debe obviar aludir a las drogodependencias psicoactivas sin olvidar el alcohol y el tabaco que aunque legales son la causa, con mucho, de la mayoría de situaciones previsibles, evitables y curables como también lo son de las muertes.
En otro lugar de este website se han estudiado las drogas y visto la concomitancia que muchas de ellas tienen con las enfermedades mentales tanto remedándolas como propiciándolas y a su vez, lo hemos dicho aquí mismo, la enfermedad mental puede conducir a su uso, maridaje que complica ambas situaciones.

CONCLUSIÓN

Quien sufra estas enfermedades no tiene que hacerlo solo, sin ayuda.
Consultando a su psiquiatra dará un paso positivo hacia el control y curación de su enfermedad que tanto interfiere en su vida. Si lo conoce vaya a verle directamente, si no, su médico habitual le aconsejará.

No tenga miedo de pedir ayuda. Es un signo de valentía.

Carles Soler-Durall, M.D., Dr.P.H.

Sobre nosotros

Doctor en Medicina (Universidades de Madrid y Barcelona) y Doctor en Salud Pública (Universidad de Yale)... saber más')

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