Constitución

Aprovecho esta Columna de Libertad para añadir otra modesta reflexión posiblemente útil para algunos de los males de la España de hoy.  Aportación que añadir a lo ya publicado: Reglas para poderse presentar a unas eleccionesLa PolíticaÉtica y Estética, Mentirosos abstenerse y Vertebrar España. Todas estas reflexiones proceden de una persona absolutamente ajena a la militancia política pero, como es normal en todo ciudadano que haya tenido que interaccionar socialmente durante muchos años,  o en cualquiera que sienta la responsabilidad de una ciudadanía normal, no cabe desligarse de la información que nos llega cada día al despertar y acceder a los medios de información, hoy, tan universales.  Pienso que es lo mismo que le pasa a cualquier ciudadano del mundo. En mi caso, además y para mayor osadía, mi formación académica, profesional y experiencias, se dan en los campos de la Medicina y Salud Pública y no de las Leyes sobre las que declaro mi ignorancia supina. El estímulo para escribir sobre las Constituciones, Leyes Fundamentales, Cartas Magnas, Ley Suprema y un sinfín de sinónimos, y no especialmente de la española, es constatar cómo se usan en los distintos lugares. Es decir para que sirven, cómo y por qué nacieron, en qué entornos sociales, con qué justificación histórica, cuando, y sobre todo, si hay algún común denominador para su vigencia que las siga haciendo útiles y necesarias para el hombre contemporáneo al que, por encima de cualquier otra consideración, se supone que están para servirle, sin banderías, ya que este hombre contemporáneo y de la calle, detenta legítima y legalmente el poder, en democracia. Esta misma consideración, que comparto, me induce u obliga a intentar este escrito. Las Constituciones, por generales, son más fáciles de entender por el vulgo, en este caso yo, que los Cuerpos legislativos que las convertirán en aplicaciones prácticas. Así ha de ser ya que son refrendadas por toda la población, las que lo sean y las ha de entender todo el mundo. Existen aproximadamente  unas 160 Constituciones en el mundo del siglo XXI (ver Constitute de Google Ideas).  Constitute es una herramienta fantástica y uno piensa lo bien que les habría ido a los Padres de la Constitución española de haber tenido los medios de información actuales. Para atreverme a lo que diré, he leído una docena de Constituciones y gracias al excelente “vaciado” de Google Ideas, aspectos concretos de un par de docenas más. En ciertos websites, pueden incluso seguirse las incidencias y debates que algunos artículos de ciertas Constituciones generan a nivel de Parlamentos y Senados. Casi todas ellas persiguen la libertad, la justicia, la paz y la participación pública,  que algunas limitan a sus territorios y otras extienden a todo el mundo y tratan de limitar siempre la intromisión en la vida de las personas por parte de las estructuras que, basadas en las mismas Constituciones, se crean. Las motivaciones de cada una son cabalmente distintas de las demás. El grado de coherencia entre lo que anuncian las Constituciones y el grado de cumplimiento en las realidades legislativas, políticas y sociales de cada país, son también cabalmente distintas, país por país. También la coherencia entre sus enunciados y los contenidos de los Cuerpos legislativos de cada país.  En algunos es excepcional que se tenga que recurrir a ellas y se encargan las Cortes Superiores de Justicia y en otros casos existen Tribunales especiales que se alojan en edificios también especiales. Como  sugiriendo que su interpretación dará mucho que hacer y trabajo a unos centenares de probos funcionarios que se pasarán el día lidiando con las quejas que les llegarán. La mayoría lo resuelven, en un despacho, los altos Magistrados, en su quehacer ordinario cuando surge algo. En general no se modifican demasiado en forma de enmiendas, (USA una enmienda cada 3-4 años precedidas de intensos debates) y no se revisan en la totalidad jamás. Otras, se modifican en una noche por órdenes ajenas al propio país y sin debate alguno. Incluso algún precepto tan elemental como el derivado del Art. 11 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH), y el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sobre “retroactividad de cómputos totales o parciales por beneficios penitenciales“, y otras veces “por condenas por actos u omisiones que en el momento de cometerse no eran delitos”, se vulneran y los Tribunales internacionales han de obligar a reposiciones. Un cierto lío, pues, sobre la seriedad con que ciertos gobiernos y administraciones de justicia toman a sus propias Constituciones y las Internacionales a las que los países se han adherido. Ahí una de las motivaciones de este artículo. Las más ponen la inviolabilidad e inalienabilidad de los derechos del hombre como fundamental (el Grundlage de los alemanes) pero pocas abogan por el libre desenvolvimiento de la personalidad y cuando lo hacen es para, de inmediato, advertir que, mientras no atente el orden constitucional (verfassungsmassige Ordnung de los alemanes) o la ley moral (Sittengesetz). Ley moral que no está definida en ninguna parte ni es definible porque emerge de forma virtual en cada individuo creándose conciencias ciudadanas.  Algunas dejan que la religión preponderante sea quien defina esa “ley moral”, pero ya se ve que el mundo cambia a gran velocidad y esas conciencias y religiones también. Que los Estados estén estructurados unitaria o pluralmente también se refleja en las Constituciones. Algunas prevén incluso que su primer Ministro lo será por un año rotando entre otros siete (Suiza) y su condición de Primus Inter Pares es caduca. O en las Constituciones de las Cortes de Barcelona de 1238 que, al nombrar al Primus Inter Pares, le recordaban que valía tanto como ellos pero menos que ellos juntos. La primera Constitución española es de 1812.  Entre las rarezas está la de Australia que cifra el sueldo del Governor General en mil libras al mes. Respecto a este tema la de USA prevé que los legisladores podrán decidir aumentar las retribuciones de los congresistas pero no será de aplicación hasta la siguiente legislatura. Para terminar este preámbulo solo recordar que todas las actuales arrancan o se inspiran en la americana (Constitución de los EEUU de 1787) con 17 Art. y 17 enmiendas y en la “Déclaration des droits de l’homme et du citoyen, de la Revolución francesa de 1789”, con 17 artículos originales. La española tiene 169 Art. Recordemos el titular: de la francesa: “de l’homme et du citoyen”. Aparece la persona en su doble vertiente, confusión constante en muchas constituciones. Pero no se trata, ni mucho menos de realizar una exégesis o de un vano intento de compararlas, pero sí de realizar una breve reflexión sobre sí de su lectura se obtiene algún elemento de proyección a futuro que, de alguna manera movilice la ciudadanía hacia la ilusión y la esperanza. En otras palabras si son reactivas o proactivas.  Que sean reactivas no es, ensimismo malo,  ya que casi todas ponen fin a sistemas feudales, dictatoriales o coloniales pero lo son en cuanto se aferran a unas circunstancias caducadas. Como elementos para poderlas considerar reactivas en el momento de su creación u obsoletas andando el tiempo, tenemos:

  • Si fueron creadas como consecuencia de desmanes feudales, dictatoriales, político-sociales o alzamientos militares o pseudomiltares, antidemocráticos, anteriores. La obsesión, justificada, por aquel estado de cosas impregna la redacción de esas Constituciones que quizás pierden visión de “l’homme” y se centran más en el “citoyen”.
  • Si fueron creadas hace mucho tiempo, más de una generación o dos y no han tenido actualizaciones. Pueden llegar a ser instrumentos inservibles o muy deficitarias para las nuevas generaciones. Igual que un médico no puede actuar hoy, ante el mismo enfermo o ante la misma enfermedad, como el de hace 50 años. Por dos razones:
  1. Porque la ciencia y educación médicas han hecho de él otro hombre. De empeñarse hoy en practicar la medicina de hace 50 años, sería un peligro público.
  2. Porque su cliente-paciente de hoy tampoco tiene nada que ver con aquel por: su educación, cultura, información y sobre todo por la comunidad virtual a la que pertenece, infinitamente más potente que la real que podían tener sus padres o abuelos.

Justo lo que le pasa al ciudadano, con su Constitución, en el orden político-social. En definitiva, no hace falta ser un lince para ver que la juventud de hoy es cabalmente distinta e incluso no tiene nada que ver con la ciudadanía que redactó y aprobó las viejas Constituciones, hablamos de más de la mitad de las poblaciones, solo unos botones de muestra:

  • Ha nacido y crecido con las nuevas tecnologías. Lo que les lleva de forma natural a entender complejidades aparentemente inhumanas. Ello les lleva a considerar, en su fuero interno, que a sus mayores hay que dejarlos vivir en un mundo aparte. Mientras sus padres y abuelos balbucean ante un nuevo modelo de Smartphone, ellos ya se han bajado tropecientas aplicaciones. El abandono intencionado, en el corazón de África, de unos ordenadores, permitió comprobar a los pedagogos de la prueba que al regresar a los pocos meses, que los manejaban como graduados de Microsoft.  Tanto, que ha llevado a Google a diseñar una forma gratuita de hacer llegar a todo el mundo el acceso a Internet, empezando el ensayo por Nueva Zelanda, para extenderse al mundo menos favorecido, esperando que afloren potencialidades escondidas en la pobreza. Las últimas generaciones no se sienten reconocidas en sus Constituciones.
  • Justicia, libertad y solidaridad. Son los nuevos valores a los que se adhieren con fervor como substitutivos de otros valores que sus mayores constantemente invocan y ellos ven que ni cumplen ni hacen nada por respetarlos.  El sentimiento de injusticia es innato, desde muy pequeños, se alzan con “esto no es justo” y nadie les ha enseñado derecho como no les enseñó informática. A los niños de las dos generaciones previas jamás se les ocurrió semejante protesta. La solidaridad con personas y causas fruto de aquellas injusticias les lleva a unirse, compartir y levantase airados en multitud de ocasiones, sin descanso. En alguna ciudad, (Madrid), sus Gobernadores llegan a denunciar hasta miles de manifestaciones públicas al año por algún precepto constitucional ofendido aunque no lo expliciten así quienes se manifiestan. Llevan, como genéticamente impresos, la defensa de sus valores. En ocasiones semejantes manifestaciones llevan a forzar iniciativas legislativas no queridas por los gobiernos. En el punto siguiente encuentran el instrumento de influencia y poder que nunca antes ninguna generación había tenido.
  • Redes sociales. Los mayores las tratan con frivolidad como si se tratara de cruzar tweets a cual más estúpido. Incluso se atreven a lanzar sobre Internet la sombra de una duda. No es así, ni Twitter Inc., ni Instagram son las únicas empresas que facilitan esta comunicación, con o sin imágenes. Hay muchas otras, digamos, más formales, Facebook, Linkedin, Youtube, Ozone e infinidad de Blogs y Microblogs de gran nivel, de comunicación instantánea o Blogger/Blogspots al alcance de todo el mundo donde poder expresarse con libertad y sobre todo creadores de cohesión social.  Las nuevas generaciones las usan constantemente, en casa, en la calle, en el Ordenador, la Tableta o el Smart mientras sus mayores siguen usando megáfonos para dirigirse a masas irrisorias que a lo mejor están conectadas a otros mensajes a través de sus inseparables audífonos, mientras el megáfono suena.  Los 100 millones de usuarios activos de Instagram, los 65 millones de tweets al día, etc. (cuando leas esto ya se habrá doblado), no pueden dejar a nadie indiferente y los indiferentes que se preparen para desaparecer de la consideración social. Lo que queremos decir es que las redes sociales configuran unas mentalidades que facilitan la implantación social de los valores de justicia, libertad y solidaridad innatos. ¿Qué tiene esto que ver con las Constituciones?  En la medida en que este y los puntos que le acompañan sean desconocidos por las Constituciones: muchísimo. Y ciertamente son desconocidos.

Estos nuevos instrumentos, Instagram por ejemplo, simple captación de imágenes que todos pueden hacer o el Embodied Avatar Kiosk, que detecta mentirosos con gran precisión, o la simple cámara que todos llevamos encima, ven y distribuyen instantáneamente por el mundo, evidencias que inquietan a policías y gobernantes que todavía no ven que el “cuento” se ha acabado, que hay que ajustar sus conductas a los preceptos constitucionales constantemente violados. Las imágenes saltan, captadas por cualquier ciudadano, a la vista del mundo, todos somos reporteros gráficos, pero los políticos vueltos gobernantes, tratan de verlas de otra manera, tratan incluso de borrar memorias y discos duros,  es cuando lo virtual se convierte en real y los controladores de la sociedad que quieren ser quinta esencia de lo real se diluyen ciegamente en una virtualidad huidiza. Vulneran con desfachatez sórdida su propia CONSTITUCIÓN, la DUDH, la C.U. y la juventud lo ve. La fuerza de las comunicaciones por redes sociales, que empequeñecen a los grandes partidos políticos y sindicatos (descensos espectaculares de filiación en las estadísticas del 30 ó 40% en tiempo record), son una muestra. Lo explica magistralmente Manuel Castells, en el Dossier nº 50 de La Vanguardia: “El universo de Internet es tan amplio, y se expande a una velocidad, que no hay forma efectiva de impedir la comunicación entre personas y colectivos más allá de los sospechosos habituales” “…sobre todo las generaciones jóvenes, han construido su sistema propio de auto-comunicación en el que viven, trabajan, debaten, sueñan, se enamoran, se enfadan y cuando hace falta se movilizan. Sin por ello dejar el mundo de la interacción física directa”, han construido una nueva dimensión de la persona.

  • Individualidad. Muy pocos o ningún texto, le da al individuo, a la persona, (l’homme) y a sus iniciativas, el protagonismo que merece, Respecto de él, muchas son sus obligaciones y los deberes de los organismos que le afectan pero sus derechos como persona en el sentido promocional, son escasos. En ocasiones vulneran incluso la dignidad humana que está en el “core” de todas las Constituciones. Para que esta individualidad, esta juventud, se sienta movida a participar en un nuevo estado de cosas, es necesario que se confíe en ella. Más bien vemos lo contrario: desconfianza, temor, como si sus hijos hicieran temblar las bases de sus preconcepciones y afán para poderles agredir al margen de los Administradores de Justicia. Algunos al leer esto dirán: “esos no son mis hijos, son los hijos de los otros”.  No han entendido lo que es la Constitución ni lo que les quiero decir.
  • Deporte. Hoy, tanto en su práctica individual como colectiva, no se entendería la vida ciudadana sin el deporte y la inmersión en la naturaleza de las gentes. El deporte espectáculo, la obtención de records, la dimensión universal, etc. Ausencia total en los textos constitucionales.
  • Medio ambiente. Salvo las que han corrido, tarde, a introducir algún precepto, las Constituciones ignoran lo que hoy afecta a toda actividad humana, la defensa de la naturaleza y los equilibrios ecológicos. El gran eje de conducta de hoy: “Think economical, act ecological” parece encontrar oídos sordos. Green Peace no existe para ellas.
  • Los juegos. La mayoría de juegos de ordenador se basan  en enseñar a tomar decisiones acertadas en tiempos cortos. Es otra característica diferencial de la juventud de hoy que,  no solo juega sino que aprende a interpretar con rapidez situaciones que las “play” les ponen cada vez más complejas. Algo más que un juego.
  • Sentimiento de frustración. Las constantes contradicciones entre Previsiones constitucionales y Cuerpos legislativos, Reglamentos y conductas públicas, a menudo cínicas, lleva a la juventud, no contaminada, a pensar que, el mundo que van a tener que reconfigurar, tiene poco que ver con el que reciben. La mentira y la corrupción, que en muchas Constituciones son execradas, otras permiten que se practiquen con inmunidad hasta que los jueces tienen que intervenir para que corruptos y mentirosos sean, cuando menos, apartados sino punidos. La rebeldía juvenil, que, aunque definitoria de la etapa de crecimiento, era moderada, ahora se convierte en más activa y hasta violenta. Es triste que sea así, pero aparece como bienvenida y necesaria.

Nos hemos extendido, quizás más de la cuenta en este punto, porqué es el más significativo para definir a la ciudadanía de hoy como alejada, muy alejada de Constituciones escritas a mano o con unas máquinas de escribir que la juventud de hoy no ha visto jamás. En diez años se han visto más cambios que en los miles de años transcurridos desde las pétreas Tablas de la Ley. Las demostraciones palmarias de lo dicho y una infinidad de puntos más, creo que son suficientes para que nadie pueda ignorarlos.

  • Si están siendo invocadas constantemente para evitar dar razones sobre conductas poco reflexionadas usando la Constitución como escudo protector de conducta desviadas de los Administradores.
  • Si alguno de sus preceptos fueron ya en su redacción, imposibles de cumplir levantando falsas esperanzas. Es corriente y obvio, gran parte de los preceptos son retóricos.
  • Si los Tribunales que las han de interpretar no son libres ni tienen personalidad propia y sus miembros deben sus puestos a nombramientos de partidos con inspiraciones ideológicas alejadas del sentimiento popular. La constante falta de legitimación de lo legal que la cultura o falta de sensibilidad política ignora.

Todo ello, como se usan, por qué se invocan, como son las sentencias que emiten aquellos Tribunales Constitucionales, que el pueblo lee en los medios, son conductas que arrastran  al propio desprestigio de la Constitución. En resumen son reactivas y poco útiles cuando una mayoría significativa de los ciudadanos, al oír hablar de su Constitución, al leerla o al conocer quien las invoca o los dictámenes de los Tribunales correspondientes, ve que chocan con su modo de sentir, provoca en ellos tristeza y desesperanza como algo ajeno y alejado de sus vidas. Sienten como si vivieran en un país que alguien les ha secuestrado. Un trabajo, una vivienda digna no se compadecen con los enunciados, por ejemplo. La razón de que esto sea así se debe a que las TIC (tecnologías de la información y comunicación) que sirven para transmitir conocimiento y extenderlo rápidamente, parece que no tengan función social,  solo dos citas:

  • “Las tecnologías de la información y la comunicación no son ninguna panacea ni fórmula mágica, pero pueden mejorar la vida de todos los habitantes del planeta. Se dispone de herramientas para llegar a los Objetivos de Desarrollo del Milenio, de instrumentos que harán avanzar la causa de la libertad y la democracia y de los medios necesarios para propagar los conocimientos y facilitar la comprensión mutua”

Kofi Annan, discurso inaugural de la primera fase de la WSIS (Ginebra, 2003) E incluso  la más reciente (dic.2013) del Senador Republicano por Oklahoma, James Inhofe, el más conservador de los Congresistas dice:

  • “People may be starting to use the i-word before too long”

Otros conservadores siguen sin enterarse aunque vean que las elecciones se ganan justo en este terreno. Qué debieran tener en cuenta quienes redacten las nuevas Constituciones para que contengan elementos que desactivarían la reactividad y las harían actuales. Come se ve, ahora, mi desfachatez es máxima, pero como es corriente hoy, en boca de periodistas, cuando para referirse a algo políticamente incorrecto dicen “alguien tenía que decirlo”, y después de mi inmersión, como ciudadano corriente en diversas Constituciones, pienso lo siguiente: Yo, personalmente, coincidiendo o no con criterios más acertados,  concibo las Constituciones del mundo contemporáneo como la provisión de un marco general de convivencia y felicidad con mensajes seductores e ilusionantes.  Con todas las incertidumbres y utopías que estos conceptos conllevan. Los nuevos Padres de las Nuevas CONSTITUCIONES además de ser profesores y expertos en el tema, debieran:

  • Pertenecer a la última generación.
  • Estar avezados a interaccionar activamente con el mundo circundante.
  • No pertenecer ni haber pertenecido a ningún agregado de los llamados partidos políticos.
  • Actuar en función del conocimiento y no de ideologías o creencias que limiten su libertad.
  • Ser libres y atentos a rechazar cualquier injerencia de las muchas que se aprestaran a enredar su trabajo.

Como se ve, nada que ver con quienes han redactada las actuales, para poder concebirse al servicio de una realidad presente que camina hacia el futuro. Y estas nuevas CONSTITUCIONES PARA SER PROACTIVAS, debieran:

  • Empezar por la más firme adhesión a los 30 artículos de la DECLARACIÓN UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS de 1948, (DUDH), que sí es proactiva y que, con toda desfachatez, hay países, el nuestro por ejemplo, cuyos gobernantes vulneran constantemente. Con esta DECLARACIÓN y con los 15 Art. de LA CONSTITUCIÓN DE LA ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES UNIDAS PARA LA EDUCACIÓN, LA CIENCIA Y LA CULTURA (CONSTITUCION UNESCO-CU-) de 1945,  que también es proactiva,  se tienen las bases.  Y sería bueno que luego en el texto de esas nuevas Constituciones no se repitiera, ni intentara mejorar, lo ya dicho en la DUDH y en la  CU  Quedaría poco por decir. Ahora yo mismo soy reactivo.
  • Atender a no vulnerar las aspiraciones de la juventud de hoy que hemos señalado y un puñado más, conteniendo preceptos de promoción, de creación de marcos facilitadores del progreso de las iniciativas, no ser un tapón para esas iniciativas innovadoras.
  • Señalar caminos ilusionantes a los que se pueda adherir la ciudadanía que se vería proyectada a un futuro para el que se pide su colaboración activa, pero proporcionando un entorno legal y una vocación política que proteja esos caminos tan legítimos.

¿Cómo hay que hacer todo esto?  Los sabios dirán, pero de entrada, en una aproximación candorosa:

  • Reconociendo que los actuales sistemas, no importan los aparentes soportes populares temporales, no reflejan el sentir de la ciudadanía que evoluciona más rápido que los electos. Hay que evolucionar hacia una democracia perfecta. No tiene ningún sentido que alguien gane unas elecciones con programas que, la inmensa mayoría de la población que las ha votado se lance, el día siguiente, a la calle para  exigir que no se cumplan. ¿Podría llamarse a esto esquizofrenia democrática?  De ser así faltaría una urgente psicoterapia.
  • Tratando, por tanto de obviar, de alguna manera, la intervención o filtraje partidista de los proyectos de Constitución, para ir directamente a un referéndum universal de la ciudadanía a la que la Constitución tiene que servir.

Todo un cambio que intuyo pero que solo puedo dejar apuntado. Como se ve, parece que habría que refundarlo todo. Que nadie entienda que las actuales Constituciones son inútiles o inservibles. Son grandes instrumentos que hay que respetar y revisar. Con solo recordar que alguna abolió la esclavitud y unió un pueblo disperso, la grandeza de alguna e incluso su reactividad estaba más que justificada. Tampoco que los partidos políticos sean inservibles, insensatos y suicidas hasta provocar su propia defenestración, pero o renovarse o morir. Si saben abstraerse de sus credos y pensar en primer y único lugar en el ciudadano, podrán contribuir positivamente en el proceso. Si no, alguien escribirá las nuevas Constituciones sin ellos. Y, quien escriba esas Constituciones, ya no podrá ignorar que, cuando un sentimiento arraiga profundamente en las conciencias de la gente, tamizado por la reflexiones que hemos tratado de resumir, aparece una nueva fuerza que hasta ahora no quedaba reflejada en las organizaciones que las encorsetan.

Sobre nosotros

Doctor en Medicina (Universidades de Madrid y Barcelona) y Doctor en Salud Pública (Universidad de Yale)... saber más')

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Publicado en: La Columna

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